
Me levantó de mi vida cómoda y tranquila y zarandeó mi corazón. Me llevó a la cima de la montaña donde el agua corre libre y el verde aún conserva su olor puro. Sentado sobre una roca tomó mis manos y me recordó para qué había venido: para dar testimonio.
Ve, me dijo y levanta tu voz sobre los mares, sobre las calles, sobre el aire de las fábricas... ve y recuerda todo lo que en tu corazón pongo.
Estaré contigo en cada palabra. Llegó el tiempo de que los velos caigan sobre el suelo y el que quiera ver, recobre la vista.
Habla para la paz y la libertad. Esa paz y esa libertad que no son como las del mundo.
Recoge puntualmente mis palabras y lánzalas al aire. Sobre el quedarán como rosas, para que quien pase y las sienta tenga una llave con la que abrir su alma a la verdad y quitar de ella todas las cadenas que la mantienen prisionera.
Este trabajo que inicias, no es tuyo, yo te llevo, del alma sale. Recuerda que si tú callases, gritarían las piedras.
La verdad no puede permanecer prisionera de nada ni de nadie.